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El 12 de junio interpela a las sociedades del mundo desde un lugar incómodo pero necesario: el trabajo infantil, una realidad persistente que vulnera derechos básicos y condiciona el presente y el futuro de millones de niños, niñas y adolescentes. Esta fecha convoca a mirar de frente una problemática estructural que no siempre es visible, pero que deja marcas profundas.

La conmemoración fue establecida en 2002 por la Organización Internacional del Trabajo como una forma de reforzar el compromiso global contra esta práctica. Desde entonces, el día se convirtió en un espacio para denunciar, reflexionar y actuar, poniendo el foco en la necesidad de erradicar especialmente las formas más graves de trabajo infantil, aquellas que atentan contra la salud, la educación y la dignidad de la infancia.

Uno de los hitos centrales en este camino fue la adopción del Convenio N.º 182, aprobado en 1999, que compromete a los Estados a tomar medidas urgentes y eficaces para prohibir y eliminar las peores formas de trabajo infantil. Su amplia ratificación marcó un consenso internacional sin precedentes y dejó en claro que la protección de la infancia es una responsabilidad colectiva.

Sin embargo, los avances logrados no están garantizados. Las crisis económicas, sociales y sanitarias, como la vivida durante la pandemia, han profundizado desigualdades y puesto en riesgo conquistas alcanzadas. En contextos de vulnerabilidad creciente, muchos niños y niñas vuelven a ser empujados al trabajo como estrategia de subsistencia familiar.

En la provincia de Córdoba, la creación en 2008 de la Comisión Provincial para la Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI) significó un paso clave en la articulación de políticas públicas. A través de acciones de sensibilización, prevención e intervención, la comisión trabaja sobre las causas que impiden el pleno ejercicio de los derechos de la infancia, entendiendo que el problema excede lo individual y responde a entramados sociales complejos.

El Día Mundial, Nacional y Provincial contra el Trabajo Infantil no es solo una fecha de recordación, sino un llamado permanente al compromiso. Visibilizar esta realidad, sostener políticas activas y fortalecer redes comunitarias son acciones indispensables para garantizar que la infancia sea tiempo de juego, aprendizaje y cuidado, y no de trabajo forzado o prematuro.