Esta jornada invita a poner el foco en un recurso silencioso y fundamental: el suelo. En la Argentina, esta fecha fue establecida como Día Nacional de la Conservación del Suelo para recordar que bajo nuestros pies se sostiene buena parte de la vida, la producción y el futuro común. No es una efeméride técnica, sino profundamente cultural.
La elección del día rinde homenaje a Hugh Hammond Bennett, pionero en advertir que la tierra no es infinita ni inagotable. Su trabajo dejó una enseñanza vigente: cuando el suelo se degrada, no solo se pierde productividad, también se rompe un equilibrio que tardó siglos en construirse. Cuidarlo es una forma concreta de pensar en el mañana.
El suelo es mucho más que un soporte físico. Es un organismo vivo donde interactúan minerales, agua, aire y biodiversidad. De su salud dependen los alimentos, los paisajes y la posibilidad misma de habitar los territorios. Sin suelo fértil no hay agricultura posible, pero tampoco comunidades sostenibles.
Sin embargo, este recurso enfrenta múltiples amenazas. La erosión, el avance desmedido sobre áreas naturales, las prácticas productivas inadecuadas y el uso irresponsable del fuego van debilitando su estructura y su capacidad de regeneración. La degradación ocurre de manera lenta, casi imperceptible, hasta que el daño se vuelve irreversible.
Córdoba, por ejemplo, es una provincia con mucha actividad agrícola: más de 7 de millones de hectáreas sostienen cada campaña granaria tareas de siembra y cosecha, y se requieren tareas de cuidado para el recurso suelo.
Frente a este escenario, la conservación deja de ser una opción para convertirse en una responsabilidad. Las buenas prácticas agrícolas, la rotación de cultivos, el manejo responsable del ganado y la planificación del uso del territorio son decisiones que protegen el suelo y, al mismo tiempo, fortalecen la producción a largo plazo.
Conmemorar este día es reafirmar un compromiso con las generaciones futuras. Conservar el suelo es preservar la base material de la vida y reconocer que el desarrollo solo es posible si se construye en equilibrio con la naturaleza. Cuidar la tierra es, en definitiva, cuidarnos como sociedad.