El 10 de enero de 2011, Argentina perdió a una de sus voces más luminosas: María Elena Walsh, escritora, compositora y poeta que transformó para siempre la literatura y la música del país. Su partida, a los 80 años, marcó el final de una vida dedicada a construir universos donde la imaginación era ley, la palabra era juego y la ternura tenía forma de canción.
Nacida en 1930, Walsh descubrió desde muy joven que su manera de habitar el mundo era escribiéndolo. Publicó su primer libro en la adolescencia y, poco después, emprendió un camino artístico que la llevó por escenarios y ciudades, incluida París, donde formó el recordado dúo con Leda Valladares, llamado simplemente Leda y María. Aquella etapa la terminó de vincular con la música popular, el folclore y la experimentación poética que más tarde marcarían su sello inconfundible.
A su regreso a Argentina, su obra floreció como pocas: poemas, cuentos, cancioneros, obras teatrales y letras que lograron algo que solo los grandes creadores alcanzan: unir generaciones. Sus personajes (Manuelita, el Mono Liso, la vaca estudiosa) se volvieron parte de la infancia colectiva, mientras que algunas de sus canciones, por ejemplo “Como la cigarra”, revelaron su mirada crítica, comprometida y profundamente humana.
La noticia de su muerte conmovió al país entero. Cada rincón de la cultura la reconoció como una artista total, capaz de hablarle a los niños sin subestimarlos y a los adultos sin solemnidad. Desde entonces, cada 10 de enero se renueva el homenaje: maestros, familias, músicos y lectores vuelven a su obra para recordar que su legado es mucho más que nostalgia; es una manera de entender la belleza, el humor y la sensibilidad.
Recordar a María Elena Walsh es volver a un lenguaje donde todo es posible: donde las tortugas viajan a París, los mundos se ponen al revés y la esperanza renace como la cigarra, aun después de los inviernos más largos. Su obra sigue viva porque sigue enseñando a mirar, a cantar y a imaginar. Y eso (como su música), no envejece jamás.