El Himno Nacional Argentino es el resultado de un proceso histórico en constante transformación, atravesado por decisiones políticas, cambios estéticos y debates sobre identidad. Antes de adoptar su nombre definitivo, fue conocido como Marcha patriótica y Canción patriótica, reflejando el clima revolucionario de los primeros años de la vida independiente.
Su origen se vincula al mundo del teatro. La obra El 25 de Mayo, de Luis Morante, incluía un himno con música de Blas Parera que llamó la atención de Vicente López y Planes, quien, inspirado por aquella puesta, escribió una nueva letra destinada a convertirse en la canción oficial de la naciente patria
En julio de 1812, el Primer Triunvirato impulsó la creación de una marcha nacional que debía interpretarse en actos públicos, funciones teatrales y escuelas. Al año siguiente, la Asamblea del Año XIII encargó formalmente la letra a López y Planes y la música a Parera. El 11 de mayo de 1813, la obra fue aprobada como Marcha Patriótica.
La primera versión del himno expresaba con fuerza el espíritu independentista y una marcada oposición al dominio español. Con el paso del tiempo y ante nuevas necesidades diplomáticas, se introdujeron ajustes en la letra. Paralelamente, la música también fue modificándose: en 1860, Juan Pedro Esnaola realizó una versión orquestada más compleja, basada en manuscritos originales del compositor.
A comienzos del siglo XX, el Estado reglamentó el uso de versiones abreviadas para actos oficiales, estableciendo la duración que hoy se conoce. El hallazgo posterior de una partitura atribuida a Parera motivó nuevos arreglos y debates, hasta que en 1944 un decreto presidencial aprobó oficialmente la versión vigente, basada en la transcripción de Luis Lareta.
La historia del himno también se enlaza con figuras emblemáticas como Mariquita Sánchez de Thompson, anfitriona de influyentes tertulias intelectuales. La tradición sostiene que en su casa se entonó por primera vez la Marcha Patriótica, aunque el hecho no cuenta con confirmación documental. Entre certezas y mitos, el Himno Nacional Argentino sigue siendo una obra viva, cargada de memoria, símbolos y significados compartidos.