Los árboles de todas las especies se convierten los días 21 de marzo de cada año en protagonistas absolutos, ya que se celebra el Día Internacional de los Bosques. Es una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que invita a reconocer el valor profundo y silencioso de estos ecosistemas, verdaderas arquitecturas vivas que sostienen la vida en el planeta.
Aunque su nombre actual fue adoptado oficialmente en 2012, el origen de la efeméride se remonta a 1971, cuando los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) acordaron establecer una jornada dedicada a los bosques.
No fue una elección casual: el 21 de marzo coincide con el inicio de la primavera en el hemisferio norte y con el otoño en el sur, un cruce simbólico de estaciones que habla de ciclos, renovación y equilibrio.
Los bosques son mucho más que paisajes. Albergan una parte esencial de la biodiversidad mundial, regulan el clima, protegen los suelos y el agua, y sostienen los medios de vida de millones de personas. En ellos conviven especies, culturas y saberes que se transmiten como un legado antiguo, a menudo frágil, siempre imprescindible.
Esta conmemoración propone un eje temático que permite pensar nuevas relaciones entre los bosques y la vida cotidiana: su vínculo con la alimentación, su presencia en las ciudades, su papel frente al cambio climático. La intención es clara: promover una gestión sostenible que permita cuidar hoy lo que también necesitarán las generaciones futuras.
En BUJÍA ediciones sostenemos que los bosques también son una forma de relato: una trama de raíces, hojas y silencios que nos enseña a leer el mundo con más atención y respeto.
Celebrar este día es volver a creer que es posible habitar la Tierra de otro modo, escuchando a esos territorios verdes que, sin palabras, siguen contando la historia de la vida.