En Argentina, esta fecha fue establecida por el decreto 982 en 1998 para recordar el nacimiento de Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida en todo el mundo como la Madre Teresa de Calcuta. Nacida el 26 de agosto de 1910 en Macedonia y fallecida el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, su vida quedó marcada por una vocación inquebrantable de servicio hacia los más vulnerables.
Desde muy joven eligió el camino religioso. En 1928 ingresó a la orden de las Hermanas de Loreto, fundada en Irlanda en el siglo XVII, y en 1931 adoptó el nombre de Teresa en homenaje a Santa Teresa de Ávila. Años más tarde, impulsada por una profunda convicción interior, solicitó permiso para dedicarse de manera exclusiva a la asistencia de los pobres, enfermos e indigentes de Calcuta.
Con la autorización del papa Pío XII en 1948, decidió vivir como monja independiente y se formó en enfermería junto a las Misioneras Médicas Americanas. Esa experiencia fue decisiva: al regresar a la India fundó las Misioneras de la Caridad, una congregación destinada a acompañar a quienes vivían en la marginación más extrema, ofreciendo cuidado, dignidad y presencia allí donde el abandono era regla.
Durante más de medio siglo, su labor se sostuvo sobre valores esenciales como el respeto por la vida, la fraternidad y el amor al prójimo. En reconocimiento a ese trabajo incansable, en 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz y, en 1980, el Bharat Ratna, la máxima distinción civil de la India, otorgada en nombre de toda su obra humanitaria.
Aunque su tarea se desarrolló principalmente en la India, la figura de la Madre Teresa trascendió fronteras y culturas, convirtiéndose en un símbolo universal de solidaridad y compasión. “El amor se entrega en mayor medida mientras menos poseemos”, decía, dejando una enseñanza que aún hoy interpela y convoca a mirar al otro desde la humanidad compartida.